El gato montés se enfrenta a numerosas amenazas
El gato montés se encuentra en tierras africanas, asiáticas y europeas, donde peligra su supervivencia como especie. Pese a enfrentarse a un gran número de amenazas provocadas por el ser humano, la Lista Roja de la UICN de especies amenazadas tan sólo lo considera una “preocupación menor”.

Los estudios que indagan sobre las poblaciones de estos gatos salvajes concluyen algo bien distinto. Su preocupación resulta evidente tras el análisis de una gran cantidad de amenazas que lo tienen contra las cuerdas, como la pérdida de hábitat, la persecución y la escasez de sus presas (conejos y roedores).

En concreto, el cruce con otros gatos domésticos es su principal amenaza, pues va haciendo desaparecer la integridad genética de la especie.

Preservar su hábitat salvaje

Conservar la especie es una prioridad que tiene distintos apoyos en cuestión de presupuesto (programas) y normativas de protección, si bien toda iniciativa ha de intentar preservar el hábitat de este felino, especialmente en lo que respecta a su biodiversidad.

En concreto, han de cuidarse las áreas boscosas y pastizales en las que hay animales que le sirven de alimento, como los conejos o los ratones de campo. Sólo así se conseguirá que sus poblaciones se conserven gracias a la concentración de la mayor parte de los ejemplares en zonas naturales alejadas de la presencia humana, tanto en núcleos urbanos como en cotos de caza.

El gato montés se enfrenta a numerosas amenazas
Así, la existencia de presas en tal o cuál lugar permite controlar o redirigir a los gatos salvajes a los espacios deseados, para así conseguir un mejor control de la especie.

En Escocia, por ejemplo, el gato montés está al borde de la extinción, con apenas cuatro centenares de ejemplares en la zona norte y centro, si bien algunos expertos han contabilizado muchos menos. De este modo, en contra de lo que dice la Lista Roja de la UICN, no hay otro camino que considerarla una especie en estado crítico para poder salvarla.