El olor de las flores depende de hongos y bacterias
Un mundo sin flores quizá sería tan triste como un mundo con flores que perdieran su olor, ese aroma maravilloso que no sólo resulta embriagador, sino que, además, cumple una función clave en los ecosistemas de todo el mundo.

No sólo porque la gran mayoría de las plantas las tienen, lo que significa que de ellas dependen aspectos tan importantes para la vida como los actuales patrones climáticos y la biodiversidad misma, sino porque además los polinizadores son fieles a unos determinados tipos de flores o simplemente las encuentran, llegan a ellas por características como su olor, color y forma.

El olor, mucho más que un aroma

Sin embargo, puesto que los responsables de su olor son en buena parte los microorganismos que las recubren (hongos y bacterias), si éstos desaparecen o quedan minimizados por factores externos, el equilibrio se rompe, provocando el consiguiente desastre ambiental.

Así, al menos, es lo que ha concluido un reciente estudio del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF) y la Universidad Autónoma de Barcelona, que tras descubrir que las flores huelen a algo más que a flores por la presencia de estos hongos y bacterias, han alertado del peligro que supone la aplicación de pesticidas y fungicidas que los diezman.

El olor de las flores depende de hongos y bacterias
El trabajo ha llegado a tal conclusión tras aplicar antibióticos de amplio espectro a las flores del saúco. Se observó que sin llegar a afectar la salud de las plantas, al menos no en sus , sí disminuyeron drásticamente sus compuestos volátiles.

En otras palabras, después de pulverizar este compuesto durante una semana, las flores eran aparentemente normales, excepto por la pérdida de olor. Ello demostró el papel que hongos y bacterias cumplen en éste y, por lo tanto, lo arriesgadas que resultan las técnicas agrícolas que los utilizan productos que lo menguan.

Recordemos aquí el papel decisivo que cumplen los polinizadores en la agricultura y en la vida en general: la mayor parte de los cultivos dependen de ellos, pues con el viento no siempre se logra la polinización, con lo que se llega a comprometer la biodiversidad y, con ello la seguridad alimentaria. Nos lo jugamos todo.