El ser humano, responsable y víctima de la sexta extinción masiva
La sexta oleada de extinción masiva de especies es una realidad. No la provocará un meteorito ni tampoco las catástrofes naturales, sino una causa mucho más dañina: los seres humanos, de acuerdo con un estudio de varias universidades e instituciones científicas de distintos países recién publicado en la revista Science.

El reloj ya ha comenzado su cuenta atrás. Estamos danto los primeros pasos de la sexta oleada de extinción biológica en masa del planeta, que acabará con animales vertebrados e invertebrados por igual, según esta investigación liderada por la University College London (Reino Unido), las universidades de Stanford y California en Santa Bárbara (EEUU) e instituciones científicas de distintos países.

¿El fin de la humanidad?

Los científicos quedaron sorprendidos tras descubrir que los insectos también han sufrido un descenso preocupante, incluyendo a los polinizadores. Como decía Einstein, si desaparecieran las abejas, el hombre no viviría más de cuatro años, pues sin polinización no habría reproducción de las plantas y sin ellas tampoco no habría alimentos para los animales.

El ser humano, responsable y víctima de la sexta extinción masiva
El cambio climático y la pérdida de su hábitat son las principales amenazas que ponen en jaque a los invertebrados y, en un trágico e inevitable efecto dominó, también hacen peligrar la capacidad de la naturaleza de proveer a los seres humanos de lo necesario para vivir.

El estudio también alerta sobre la desaparición de los animales más grandes, como elefantes, rinocerontes, osos polares, osos panda, leones y un largo etcétera de especies que están en vías de extinción y experimentan las mayores tasas de descenso a consecuencia de la denominada “defaunación del Antropoceno”, término creado por Rodolfo Dirzo, profesor de biología de la Universidad de Stanford (EEUU) y uno de los principales autores.

Desde hace 500 años más de 320 especies de vertebrados terrestres se han extinguido, mientras las especies restantes disminuyen un promedio del 25 por ciento, y tampoco deja de descender la población del 45 por ciento de los invertebrados.