El suelo, un gran olvidado del medio ambiente
Los suelos sufren un deterioro constante a consecuencia de un sinfín de causas provocadas por el ser humano. La explotación agrícola en plan intensivo, así como la polución, la erosión, la tala descontrolada o el cambio climático afectan a su calidad, lo que desemboca en tierras más yermas y en espacios naturales con ecosistemas pobres.

A pesar de ser un problema de primer orden, la pérdida de suelo no suele copar titulares. Muy al contrario, se trata de una cuestión bastante olvidada tanto mediáticamente como a la hora de tratar los problemas ambientales en foros tanto locales como regionales, nacionales y, por supuesto, también en los internacionales.

En suma, el suelo es uno de los grandes olvidados, y lo es injustamente, pues su equilibrio resulta fundamental para preservar el entorno o para aprovechar su fertilidad. Tal y como advierten los expertos, su preservación no es un tema que preocupe lo que debiera, y ese olvido podemos pagarlo caro.

Un recurso no renovable

Las cifras de deterioro de este valioso recurso ambiental no renovable y sin sustituto son más que preocupantes. La pérdida anual de suelo por erosión por el viento y el agua alcanza los 24 mil millones de toneladas. En Alemania, por poner otro ejemplo, se pierden cada día 80 toneladas, cuando el objetivo político es no superar las 30 hectáreas de pérdida.
El suelo, un gran olvidado del medio ambiente

Como una voz que predica en el desierto, el ex ministro alemán de Medio Ambiente, Klaus Töpfer, ha hecho unas interesantes declaraciones sobre esta cuestión que llaman a una acción inmediata a nivel mundial:

La pérdida de suelo es como una bomba, el mundo subestima la magnitud del problema: la población aumenta, pero cada año se pierden grandes cantidades de este valioso recurso para el medio ambiente. Más que nunca, es el momento de actuar.

Su llamamiento no encuentra el eco necesario, pues la vital función del suelo no suele estar en las agendas políticas ni en los objetivos de los grupos ambientalistas. Otros temas de calado centran su atención, como la inseguridad alimentaria o las desigualdades sociales, el cambio climático o la biodiversidad cuando, en realidad, todos ellos también dependen de un suelo cuidado, en última instancia.

¿La solución? ¿Y qué tal empezar con una regulación sobre la cuestión? El objetivo sería facilitar, otorgar el derecho a los pueblos a acceder a sus propios recursos de un modo sostenible. Sería un principio, quizás.