Embalses, químicos y el calentamiento global hacen peligrar la calidad del agua europea
La contaminación en el agua y su uso excesivo dañan los ecosistemas europeos, lo que pone en peligro la agricultura, la generación de energía y el abastecimiento de agua potable. Dichos sectores, junto con el del transporte, deben mejorar en la gestión del agua para proteger este recurso esencial.

El agua es un recurso finito (como casi todos los que hay en el planeta) y no se puede seguir gastando en cantidades ilimitadas, contaminando, mientras, además, se daña los ecosistemas que dependen de ella. La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) tiene previsto publicar a lo largo de los próximos meses varios informes sobre el tema.

En especial, los expertos europeos se encuentran muy preocupados por el estado de los ecosistemas que dependen del agua y que son necesarios para prestar servicios esenciales a la sociedad.

Proteger los ecosistemas que rodean al agua es cuidar la calidad de esa agua. Un claro ejemplo es la restauración de un humedal, que no sólo es una forma de proteger la biodiversidad, sino que también ayuda a filtrar el agua y a prevenir inundaciones.

Según la AEMA, si se quiere conseguir que al menos la mitad de las aguas superficiales de Europa (en concreto, un 48%) estén en buen estado ecológico para 2015, se debe reducir la contaminación y restaurar los nutrientes naturales. De momento, el 63% de los lagos y de los ecosistemas fluviales de la Unión Europea tienen un estado de conservación deficiente.

Nitratos de la agricultura

Las modificaciones que lleva a cabo el ser humano, como la construcción de embalses y otras infraestructuras, son uno de los grandes problemas que están afectando a la calidad del agua europea. El 52% de las aguas superficiales de Europa sufre por esta causa. Este tipo de construcciones provoca que animales y plantas se vean obligados a emigrar o altera su reproducción.

El otro gran problema es la contaminación por los nitratos que provienen de los fertilizantes agrícolas. Hace años que se usan estos químicos, que llegan a los ríos, primero y, después, al mar. Aunque se ha mejorado bastante en este aspecto, usando menos nitratos, los niveles que contiene el agua serán demasiado altos durante varias décadas. Además, también hay fosfatos y amoníaco, aunque estas sustancias son más fáciles de eliminar.

La sequía afecta cada vez a más regiones europeas. El número de países afectados por sequía aumentó de 15 en el período 1971-1980 a 28 en el período 2001-2011. El cambio climático empeorará el problema.