Estorninos para medir la contaminación química
Algunos animales tienen un sexto sentido para reconocer los lugares medioambientalmente sanos. Otros muchos no aguantan la contaminación química proveniente de las actividades humanas. En definitiva, plantas y animales son el mejor indicador de una naturaleza limpia y saludable.

Sin embargo, a pesar de las señales que nos manda la naturaleza, el ser humano se niega a aprender (o se niega a cambiar de actitud). Hace ya medio siglo que una bióloga estadounidense llamada Rachel Carson denunció que el empleo de pesticidas y otros productos químicos tenía efectos letales sobre algunos animales. Aunque el asunto se ha reglamentado, la contaminación química está muy lejos de desaparecer.

Este tipo de compuestos persisten en el ambiente y se acumulan y sus efectos pueden ser muy dañinos para las personas y para el resto de seres vivos. Un equipo internacional de investigadores, dirigidos por la Universidad de Amberes, ha analizado la presencia de compuestos organohalogenados en huevos de dos tipos de estorninos (pinto y negro) y en tres continentes (Europa, Norteamérica y Australasia).

La investigación tiene por objeto monitorizar la cantidad de contaminación que persiste en el ambiente mediante el análisis de los huevos de estas aves, ya que presentan algunas ventajas, como que habitan lugares muy diferentes por todo el planeta, utilizan cajas para ubicar sus nidos, lo que facilita recoger muestras, ocupan una posición relativamente alta en la cadena trófica, pues se alimentan de invertebrados del suelo y, por tanto, pueden acumular dosis elevadas de esos compuestos organohalogenados.

Estorninos para medir la contaminación química
La investigación encontró que las concentraciones medias de bifenilos policlorados (PCB) en los huevos fueron muy variables: las más bajas se encontraron en Australia y las más elevadas en Estados Unidos. Este resultado no es de extrañar, ya que la mayor parte de las mezclas comerciales de PCB se producen y se usan en Estados Unidos. En Europa, hay concentraciones elevadas de este compuesto en localidades urbanas de Italia y Polonia.

Químicos que permanecen décadas en el ambiente

En el caso de los éteres difenílicos polibromados (PBDE), las concentraciones de Canadá son superiores al resto de países.

Por último, para los insecticidas organoclorados (DDT), las concentraciones fueron muy bajas en Francia y muy elevadas en Nueva Zelanda. En este último país, el DDT se usó de forma masiva entre 1950 y 1968 para controlar los insectos de los pastizales. En Europa, se encontraron concentraciones por encima de la media en localidades de Polonia y Croacia.

En la mayoría de países desarrollados, el DDT se prohibió hace más de 25 años. Sin embargo, continúa en el medio ambiente. La naturaleza, en ocasiones, tarda décadas o, incluso, siglos, en asimilar la contaminación producida por el ser humano.