La extinción de especies como motor de biodiversidad
La extinción de especies es un concepto que tiene connotaciones negativas, pero la cuestión habría de verse también como una moneda con su cara y su cruz. En la parte positiva, la desaparición de una especie traería el desarrollo de otras y, por lo tanto, este hecho acabaría fomentando la biodiversidad.

Sobre esta idea se basa una exposición del Museo de Historia Natural de Londres, sobre la que la BBC ha publicado un reportaje titulado “Extinción: ¿no es el fin del mundo?”, que gira en torno este aspecto amable tan poco conocido de la extinción de especies.

Un ejemplo muy socorrido, pero ilustrativo, al tiempo, es el del fin de los dinosaurios, al que recurre el comisario de la exposición, Alex Fairhead, para explicar el leitmotiv de la misma y cómo el ecosistema terrestre ha de verse como un todo, con sus reglas y su evolución:

Todos piensan en los dinosaurios y en los dodos al hablar de extinción. Tendemos a ignorar que sólo se trata de una parte natural de la vida en la Tierra.

Desarrollo de los mamíferos

Su desaparición hace 65 millones de años dio lugar a la actual biodiversidad. Los mamíferos, por ejemplo, encontraron un espacio en el que actuar, que ocupar, donde evolucionar, especialmente cuando aquellos acabaron borrándose de la faz del mundo.

La extinción de especies como motor de biodiversidad
De los diez millones de especies que se cree que existen, aproximadamente, sólo se conoce una pequeña parte, concretamente 1,9 millones. Además, tal y como se explica en la muestra, por cada millón de especies hay una que desaparece cada año por falta de adaptación al medio. Otras, por contra, logran sobrevivir aunque las condiciones sean adversas y, por supuesto, no todas ellas sucumben por acción del ser humano, pero sí muchas. Demasiadas.