Falsos mitos sobre los animales que siempre hemos creído

También el mundo animal está plagado de falsos mitos. Creencias que hemos aceptado como ciertas desde pequeños y que no nos hemos parado a comprobar. Muchos de estos tópicos probablemente ya sabes que no son verdad, especialmente si eres un/a amante de los animales y te interesa todo lo relacionado con la fauna del mundo. Otros quizá pudieran sorprenderte. Te contamos algunos de ellos y te explicamos por qué llegaron a ser creencia popular y por qué se han demostrado que no son más que eso, simples creencias lejos de la realidad.

Cada año de vida de un perro equivale a siete de los humanos

Siempre hemos oído esta expresión: que para “traducir” la vida de un perro en términos humanos, había que multiplicar cada año de vida del canino por siete. Aunque hay estudios que hicieron esta relación a grandes rasgos, no se puede realizar el equivalente de una forma tan sencilla. En primer lugar, depende mucho de la raza de perro; mientras unos suelen vivir mucho más, hay razas más delicadas, cuyos perros suelen tener una vida más corta. Por norma general, según estimó recientemente la Asociación de Veterinarios de Estados Unidos, un perro de tamaño medio durante su primer año de vida se desarrollaría como un humano en quince años. Al llegar al segundo, la cosa cambia y estaríamos hablando de nueve años humanos. A partir del tercer año, es más exacto contar cinco años como equivalente en la vida de un hombre o mujer.

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Los toros atacan al ver el color rojo

La tauromaquia nos dejó esta creencia popular, pero en realidad poco tiene que ver el color del capote. Lo que realmente altera al animal es el movimiento; en este caso del trozo de tela agitándose. Se han hecho numerosas pruebas con el mismo tipo de tela en muy diferentes colores y se demostró que el toro no tiene ninguna preferencia -y mucho menos se muestra más o menos agresivo- hacia ningún color en particular.

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Las avestruces esconden la cabeza bajo tierra cuando sienten miedo

Esta imagen nos ha acompañado desde niños, especialmente debido a varios dibujos animados, películas o cómics. En realidad, resulta poco coherente que estas aves con el cuello tan largo, puedan esconderlo en la arena con semejante facilidad. De hecho, no es un animal que suela esconderse cuando cree que le acecha algún peligro. El comportamiento natural de la avestruz cuando esto ocurre es salir corriendo tan rápido como puede, como la mayoría de los animales.

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Las abejas mueren inmediatamente después de picarnos

En algunos casos, también se ha oído lo mismo sobre las avispas. Es el consuelo que nos decían nuestras madres cuando uno de estos insectos nos había lastimado la piel al picarnos. Es cierto que hay determinadas especies de estos insectos que, al poner su aguijón en la gruesa piel humana, se les parte en dos y esto les causa la muerte. Pero los expertos aseguran que esto ocurre en una de cada mil especies y se han contado que existen más de 20.000 especies de abejas y avispas diferentes.

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Los cerdos sudan muchísimo

En España, cuando sudamos la gota gorda, se suele utilizar la expresión “sudando como un pollo”, aunque en los países del norte de Europa es más habitual definirlo comparándolo con “un cerdo”. Esto es así porque se cree que estos animales se pasan el día sudando, por el aspecto que su piel adopta ante el vapor exterior, pero en realidad, estos animales no sudan. Tienen glándulas sudoríficas, pero no tantas como para hacer que su cuerpo se llegue a ver mojado.

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Los murciélagos son ciegos

Este es uno de los mitos más tomados como cierto por mucha gente. Esto se empezó a decir porque, si observamos como vuela un murciélago, parecen despistados, como si no supieran donde están yendo. Pero en realidad no sólo no tienen problemas de vista, sino que se manejan perfectamente en la oscuridad, de ahí que sean animales que salen a volar por la noche, a buscar comida, y pueden estar volando varias horas sin chocar con ningún objeto. Esto es posible porque tienen una especie de radar que les avisa de los obstáculos. De hecho, la Asociación Americana de Veterinaria asegura que ciertos tipos de murciélagos son capaces de ver tres veces mejor que los humanos.

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Los ratones se pirran por el queso

Dibujos animados (como los míticos Tom y Jerry o la adaptación de Disney de “La Cenicienta”) nos hicieron creer a varias generaciones que los ratones se mueren por un pedazo de queso. Pero en realidad no es para nada el plato preferido de estos roedores, debido a su olor y aspecto graso. El gusto de los ratones es mucho más simple: ninguno elegiría el queso si pueden comer antes cereales o frutas.

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A los gatos les encanta la leche

Otro falso mito heredado de los dibujos animales y de esa imagen de un gatito tomando leche en un cuenco. Pero, si pensamos en ello, el cuerpo de los gatos no está preparado para digerir algo tan fuerte como la lactosa. Si un gato toma leche, probablemente se pondrá enfermo del estómago poco después.

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Los camellos guardan agua en sus jorobas

Muchos hemos pensado esto durante nuestra infancia y nos fascinábamos ante este animal del desierto que es capaz de no morir deshidratado gracias a los bultos de su lomo. Pero la realidad no es exactamente así. Aunque es cierto que estos animales pueden vivir siete días sin beber agua, no es porque ésta se encuentre dentro de las jorobas. Realmente en ellas se acumula mucha cantidad de grasa, lo que les va proporcionando energía, pero las partes del camello donde más agua se retiene son los riñones y los intestinos del animal. Es la eficiencia de estos órganos los que les permite ahorrar su propia agua agua y no deshidratarse.

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