Indignación por la muerte del hipopótamo Gustavito
El cierre de parques zoológicos por su mal estado y malos tratos infligidos a los animales no es una cuestión poco habitual. En China, por ejemplo, se cuentan por decenas y en otros países los zoos siguen abiertos aun siendo noticia por graves negligencias que suponen la desnutrición y enfermedades de numerosos animales, en un goteo constante de muertes anónimas.

Es el caso del zoológico indonés de Surabaya, donde además de encontrar kilos de plástico en una jirafa o tortuga al realizarles la autopsia, los leones están famélicos e incluso se les ahorca. Lamentablemente, no es un caso único.

¿Qué pasó con Gustavito?

La misteriosa muerte del emblemático Gustavito, el único hipopótamo de El Salvador, ha puesto en la palestra un caso similar, que ha conmocionado a la opinión pública.

Lógicamente, no vivía en plena sabana africana, ni en un lugar que se le pareciese. Tuvo que conformarse con estar en un triste zoo. Pero la cautividad no lo ha llevado a la tumba, sino un ataque que le propinó “múltiples golpes en diferentes partes del cuerpo”, supuestamente provocados con “objetos contundentes y cortopunzantes por sujetos desconocidos e inescrupulosos”, según un comunicado de la Secretaría de Cultura de El Salvador.

El ataque fue nocturno y ocurrió la semana pasada, concretamente la madrugada del miércoles y días después, el animal pasó “sumergido en el agua durante todo el día y no quiso comer”, según la polémica versión oficial.

Indignación por la muerte del hipopótamo Gustavito
Posteriormente, se está especulando con la posibilidad de que no hubiera sido un ataque sino una muerte producto de la negligencia del centro. ¿Un intento de suavizar la imagen de país violento que difundió la prensa nacional e internacional y que, por otra parte, ya tenía?

Sin duda, la muerte del hipopótamo ha supuesto una mala propaganda para los salvadoreños. ¿O quizá el hecho de atribuir la muerte al ataque sea una manera de quitarse las culpas el centro?

Una cosa es segura a día de hoy: la causa de la muerte del hipopótamo sigue sin conocerse de forma mínimamente fehaciente. Sea como fuere, en internet, el triste final del animal, hallado muerto el domingo 26 de febrero, causó una ola mensajes de repudio a su ataque y de homenajes para el fallecido hipopótamo.

Distintos tipos de maltrato

Al margen de los zoos en los que los animales sufren ataques que les provocan heridas o directamente acaban con su vida, hay otros centros zoológicos que matan a animales perfectamente sanos sencillamente porque así lo deciden.

Indignación por la muerte del hipopótamo Gustavito
Uno de los casos que más indignaciones ha despertado ha sido el del zoo de Copenhagen, en el que se mata a los animales que consideran que están de más, sin ni siquiera dejar que otros zoos los acojan. Primero fue con Marius, una jirafa de dos años de edad que no encajaba porque, sencillamente, había que evitar la consanguineidad entre jirafas.

La ola de protestas que desató la noticia no consiguió detener su muerte que, por cierto, se hizo delante de un público en el que había multitud de niños. Y luego les tocó a los leones, a esos mismos felinos que devoraron a Marius, de nuevo con un motivo indignante: traían a otros leones que debían ocupar su jaula.

Por último, cómo no, desde un punto de vista animalista o, lo que es lo mismo, respetuoso con los animales, en general los zoológicos son lugares indeseables. Por muy bien acondicionados que estén, no son un espacio de libertad, y eso hace la diferencia.

Indignación por la muerte del hipopótamo Gustavito
Con el agravante de que, en algunos centros orientados al espectáculo se llevan a cabo entrenamientos que son una auténtica condena en vida para los animales. Han sido actualidad hace nada el archifamoso Ringling, que cerrará sus puertas tras casi siglo y medio tratando cruelmente a los animales, especialmente a los elefantes, o la prematura muerte de Tilikum, la orca que estuvo en SeaWorld, sufriendo una cautividad insoportable prácticamente durante toda su existencia.

Tanto en uno como en el otro caso, han sido necesarios años de presiones y denuncias por parte de las organizaciones pro defensa animal para que los centros decidan cerrar la paraeta.

Ha habido que batallar mucho, pero los resultados empiezan a verse y, por supuestísimo, bien merecen la pena. No tanto porque cierren tal o cual zoológico o centro de ocio basado en la cautividad de los animales, sino sobre todo porque cuando éstos sufren maltratos de cualquier tipo, la red se incendia.

Indignación por la muerte del hipopótamo Gustavito
En el caso de Gustavito, además del tsunami de mensajes que su muerte ha despertado en la red, sobre todo ha abierto un debate entre los salvadoreños.

¿Lograrán su cierre? Muchas voces la piden y la petición en la plataforma Change.org solicitando que baje la persiana el zoológico de San Salvador está recogiendo miles de firmas. Una petición que considera necesario su cierre por sus “condiciones deplorables” e incapacidad para su gestión.

Según se denuncia el suceso de Gustavito, cuya corta vida tuvo un trágico final que casi era una muerte anunciada, ha sido solo la gota que colma un vaso. En 2011 se produjo otro suceso que demostraba la inseguridad del recinto.

Indignación por la muerte del hipopótamo Gustavito
Un grupo se introdujo en el zoo y robaron guacamayas del aviario del zoo que posteriormente se encontraron en grave estado de salud. Igualmente, ha habido casos de muertes igualmente prematuras que se cuentan por decenas. Entre ellas, la de la cebra Marty, la de la elefanta Manyula, la del tigre Jambo, el fallecimiento de Alfredito el hipopótamo o de la osa Meloso.

¿Una sociedad más sensibilizada?

Una sensibilización que, pese a lo mucho que hay que avanzar en este sentido, está empezando a calar en la población a raíz de este tipo de sucesos. Todo un logro, puesto que ésta es la mejor manera de combatir estas situaciones, aunque también hay que tener en cuenta que, por desgracia, evolucionar siempre es lento y complicado.

Todo sea por evitar que haya otros casos como el de Gustavito, el de Tilikum o el de Mario, entre tantos otros, incluyendo a los que sin llegar a sufrir una matanza, están muriendo en vida.

Solo podremos lograrlo con una sociedad más civilizada. No necesariamente más amante de los animales, pero sí respetuosa, con leyes más animalistas para la prevención de muertes y la penalización si éstas se producen, una utopía hoy en día.