Japón rechaza crear un santuario de ballenas en el Atlántico Sur porque carece de “base científica”
Otra vez no. Las ballenas llevan once eternos años sin su santuario en el Atlántico Sur, y de nuevo se les ha dicho nones. Bueno, no exactamente a ellas, pero sí a sus defensores, que para el caso viene a ser lo mismo. “Japón y algunos países cooptados por los nipones con la compra del voto bloquearon el santuario, pero la mayoría de países sí lo querían”, afirma Milko Schvartzman, responsable de océanos de Greenpeace presente en la votación de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), reunida en Panamá esta semana en su 64ª reunión anual.

Eliminar la caza en esas aguas es la voluntad de muchos de los gobiernos de la CBI, numéricamente mayoría, pero el bloqueo ha impedido aprovechar una gran oportunidad para acabar con décadas de desacuerdos y, por fin, poner la protección de estos grandes mamíferos por encima de otras consideraciones. Pero no ha podido ser. En la votación, 38 países se pronunciaron a favor de su creación y 21 en contra, lo que supone el 65 por ciento de apoyo, cuando se precisaba el 75 por ciento para su aprobación.

La pena de todo esto es que los países que han apoyado a Japón han sido naciones (gobiernos caribeños y algunas islas del Pacífico) que no cazan ballenas comercialmente, algo previsible, por otra parte, pues sólo Japón (con la excusa de la ciencia), Noruega e Islandia (sólo en aguas cercanas) lo hacen.

La iniciativa de crear el santuario ha sido de Brasil, Argentina, Uruguay y Suráfrica, y esta vez el nei (así se pronuncia no en japonés) ha venido acompañado por unas razones un tanto sospechosas, que ha acabado en titulares de prensa. Y es que Japón consideró este martes que la creación de un santuario en el sur del oceáno Atlántico porque no tenía interés científico. “Japón practica la caza de la ballena con un objetivo científico”, afirmó Shigehito Numata, uno de los responsables de la Agencia de pescas de Japón, y la proposición carece de fundamento científico”, aseguró.

La realidad es muy otra, lamentablemente, porque cada año Japón caza cientos de ballenas en aguas árticas con fines científicos, pero como la ballena luego no les cabe en el laboratorio, derivan su carne para el consumo. Japón se queja de que Occidente no tiene sensibilidad hacia sus costumbres alimenticias, entre las que se encuentra el consumo de ballena. Sería bonito que predicaran sensibilidad con el ejemplo.