La limpieza del Prestige (y otros vertidos) podría dañar el ADN
Se ha realizado un experimento con roedores, exponiéndoles a un combustible similar al del vertido del Prestige. Y se ha demostrado que, la exposición a dicho combustible por inhalación, provoca daño en el material genético. El estudio ha sido liderado por la Universidad de La Coruña. Los resultados podrían extrapolarse a las personas que participaron en las labores de limpieza de las costas.

En noviembre, se cumplen diez años del hundimiento del Prestige (el juicio por la responsabilidad de lo ocurrido ni siquiera ha empezado). Fue uno de los mayores desastres medioambientales de la historia de España, si no el mayor. Miles de personas, en su mayoría voluntarios, participaron en las labores de limpieza de las playas contaminadas y quedaron expuestas a los restos de petróleo.

Un equipo de investigadores de la Universidad de La Coruña han hecho un experimento con dos cepas diferentes de ratas y una cámara de inhalación especialmente diseñada para producir la exposición al petróleo. Los animales estuvieron expuestos (dos horas por día, cinco días por semana, de forma similar a los limpiadores de las playas) a un fuel de composición parecida al vertido del Prestige.

La inducción de daños en el material genético, así como el desarrollo de distintas dolencias de tipo respiratorio, ya habían sido previamente descritas en personas que participaron en las labores de limpieza del vertido, ha señalado Vanessa Valdiglesias, investigadora en la Unidad de Toxicología de la Universidad de La Coruña.

El nuevo trabajo en ratas demuestra la existencia de una relación directa entre la exposición por inhalación a los compuestos emanados por el fuel y el daño en el material genético. Para analizar las posibles alteraciones en el ADN, los investigadores extrajeron muestras de sangre a cada animal y las sometieron a diversas pruebas. Los resultados fueron claros: la exposición a fuel por vía inhalatoria induce daño en el ADN en ambos tipos de rata y también alteraciones en los procesos de reparación de ADN.

Si algo enseña este estudio es que se debe informar correctamente del riesgo que supone una exposición de este tipo para la salud. Por tanto, la coordinación y la organización de las labores de limpieza y recuperación de la zona afectada debería ser responsabilidad de los Estados y de las propias empresas que causaron el desastre. Los ciudadanos no tienen la culpa y no deben pagar, por ello, con su salud.