La Naturaleza merece una silla en los consejos de administración de las empresas, dice un economista de la ONU
La naturaleza no sólo no tiene silla en los consejos de administración de las empresas, sino que, por las inmisericordes condenas que recibe, parece estar permanentemente sentada en el banquillo de los acusados. En fin, damnificada o no, lo cierto es que merece ese asiento porque ofrece valiosísimos recursos que deberían tener un precio, reclama uno de los prestigiosos economistas ecológicos de la ONU.

Pavan Sukhdev, este experto influyente, cree en algo que muchos tenemos meridianamente claro: los recursos naturales hay que pagarlos si se quieren obtener ganancias con ellos. Sobre todo, porque la expoliación a la que hemos sometido a la naturaleza ha hecho que ésta corra el riesgo de un inminente e irreversible “caos”.

La obsesión por incrementar los beneficios sin cesar choca, por lo tanto, con la finitud de los recursos, explica Sukhdev, ex trabajador de Deutsche Bank y ahora embajador de buena voluntad de las Naciones Unidas. Es más, este contraste tiene mal arreglo de seguirse así, pues recursos como el agua, el aire limpio, los ríos, los bosques o los arrecifes de coral en realidad valen miles de millones de dólares y están aprovechándose sin dar nada a cambio.

La solución, a su juicio, sería tan sencilla como poner precio a los servicios que presta la naturaleza, y no para encarecer los procesos de producción, sino para todo lo contrario. Según este experto, tener que apoquinar obligaría a las empresas a pensarse mucho más su modus operandi y buscarían otras maneras para cambiarlo. Es decir, se las ingeniarían para buscar las ganancias por encima de todo, es decir, ahorrarían costes y, por lo tanto, dejarían de machacar el entorno.

La propuesta de Skhdev es hacer las cosas de forma correcta para conseguir este objetivo. La idea sería considerar el planeta como una compañía que cargaría con fuertes gastos a las grandes corporaciones por el uso de sus recursos y de la polución ocasionada. Con ello, se lograrían beneficios no tanto económicos, sino ambientales: menos emisiones, bosques restaurados…