La Tierra tardó diez millones de años en recuperarse de la gran extinción del Pérmico
De entre todas las catástrofes planetarias, la que más cerca estuvo del fin del mundo fue ésta, la gran extinción en masa que se produjo hace alrededor de 250 millones de años. Conocida también como la Gran Mortandad, ha sido el mayor declive de vida ocurrido en la Tierra, y ahora también sabemos que tardó en recuperarse mucho más de lo que se pensaba.

Científicos británicos y chinos han concluido que este sórdido episodio que a punto estuvo de convertir el mundo en un auténtico páramo, sin vegetación ni vida animal, logró dejarse atrás gracias a una recuperación tan lenta como milagrosa. “Es difícil imaginar cómo se puede acabar con tanta vida, pero no cabe duda de lo que nos dicen las secciones de roca estudiadas en China y en muchos otros lugares del mundo. Aquella fue la mayor crisis a la que nunca se ha enfrentado la vida en la Tierra”, dice el doctor Chen, líder de la investigación.

Los supervivientes fueron tan pocos -acabó con el 90 por ciento de todas las especies vivas en menos de un millón de años- que los investigadores no aciertan a explicar cómo acabó volviéndose a la normalidad. Eso sí, conseguirlo llevó su tiempo, más de diez larguísimos millones de años, concluye el estudio llevado a cabo por la Universidad de Bristol y la Universidad de Geociencias de China.

Si bien se desconoce su causa, la ciencia considera que fue “alimentada” por una larga serie de crisis ambientales de gran intensidad, como el calentamiento global, la lluvia ácida, la acidificación de los océanos… Todos ellos fenómenos sucedidos de forma simultánea o en cadena, resultando incompatibles con la vida.

Finalmente, como podemos constatar, la vida no fue borrada de la faz de la Tierra, incluso acabó volviendo a la normalidad. Nuevas especies ocuparon los nichos dejados por las extinguidas, como los dinosaurios, cuyos antecesores surgieron al final del Pérmico. A partir de entonces, hubo un periodo tranquilo durante más de 80 millones de años, que terminó con la famosa extinción ocurrida hace 65 millones de años.

Según Michael Benton, de la Univesidad de Bristol, de todo esto podemos sacar valiosas lecciones: “Nosotros vemos una extinción masiva como algo completamente negativo, pero incluso en este caso tan devastador la vida logró recuperarse, después de muchos millones de años, con el surgimiento de nuevas criaturas. El evento de extinción puso a cero el contador de la evolución. Las causas de la catástrofe, calentamiento global, lluvia ácida, acidificación oceánica…, nos suenan extrañamente familiares en la actualidad. Quizá deberíamos aprender algo de estos antiguos episodios”.