Las ballenas jorobadas se triplican frente a las costas brasileñas
Cada vez hay más ballenas jorobadas bailando samba en aguas brasileñas o, dicho sin licencia poética, moviendo sus espectaculares cuerpazos frente a las costas de este país, concretamente en los alrededores del archipiélago de los Abrolhos, a la altura de los estados de Bahía y Espírito Santo.

La cifra es mucho mayor que la contabilizada hace una década, llegando a triplicar la registrada en 2002, de unos 3.000 ejemplares, en comparación con los cerca de 10.000 estimados en la actual temporada, informa el Instituto Ballena Jorobada.

La razón del brutal declive anterior hay que buscarla en la caza furtiva, de la que parece estar recuperándose muy poco a poco desde su prohibición, en 1966. Sin embargo, su gran población ha sido toda una sorpresa para este instituto dedicado a su conservación.

En un comunicado divulgado esta semana, su director, Milton Marcondes, recuerda que la caza fue un golpe tremendo para la especie, diezmando su población hasta un escaso millar de ejemplares a principios del siglo pasado, cuando se utilizaba su grasa para la iluminación pública o como material de construcción de viviendas.

Las ballenas no han ido a participar en los carnavales, precisamente, entre otras cosas, porque todavía es muy pronto para eso. Como es sabido, estos cetáceos recorren miles de kilómetros cada año buscando lugares templados en los que procrear. Sus largos viajes desde la Antártida, donde pasan el verano, son migraciones a las apetecibles costas tropicales de Brasil, un lugar ideal para reproducirse y criar a sus retoños o, mejor dicho, a sus ballenatos.

Curiosamente, el cambio climático está transformando las costumbres de las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae). Tal y como ha revelado un reciente estudio, el retraso del invierno provocado por el calentamiento global hace que estas ballenas se resistan a abandonar la Antártida, alterando sus patrones de comportamiento.