Los bosques de montaña en peligro
La integridad y la capacidad de recuperación de los bosques de montaña corren peligro debido al aumento de las temperaturas y a los incendios forestales, el crecimiento demográfico, la inseguridad alimentaria y la inseguridad en materia de combustibles, según señala una nueva publicación de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

En realidad, todo proviene de una cadena de sucesos. Los pequeños agricultores se desplazan hacia tierra más altas, ante la presión demográfica y la expansión de la agricultura intensiva, hacia laderas empinadas, por lo que, paulatinamente, se va perdiendo superficie de los bosques. Así lo señala el informe Mountains Forests in a Changing World (Bosques de montaña en un mundo cambiante). A lo anterior hay que añadir que el cambio climático acelera la propagación de plagas y organismos patógenos potencialmente nocivos para los bosques de las montañas.

El informe ha sido elaborado conjuntamente por la Secretaría de la Alianza para las Montañas, con sede en la FAO, y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación. Se publicó en los días previos al Día Internacional de las Montañas de la ONU, el 11 de diciembre.

Los bosques de montaña tienen algunos importantes beneficios para las comunidades locales, como protegerlas de las catástrofes naturales, salvaguardar los recursos naturales de una región y los servicios ambientales de los que dependen el bienestar y los medios de subsistencia de miles de millones de personas. Los bosques de montaña se tienen que enfrentar a problemas mundiales, como el cambio climático, la escasez de agua, la pérdida de biodiversidad y la desertificación, pero también ofrecen oportunidades para las soluciones. El desarrollo sostenible de los bosques de montaña requiere y merece ocupar un lugar destacado en la agenda internacional.

Las montañas suministran el 60% de los recursos de agua dulce del mundo, a pesar de cubrir sólo el 12% de la superficie del planeta. Los bosques de montaña influyen mucho en la cantidad y calidad del agua que reciben las comunidades de montaña y las comunidades e industrias de las tierras bajas. Al talarse los bosques de las montañas, las tierras quedan sin protección y aumentan la escorrentía y la erosión del suelo, con el deterioro consiguiente de la calidad del agua de los arroyos y los ríos.

Así mismo, muchas ciudades dependen en gran medida del agua de las montañas. Por ejemplo, el 95% del agua de Viena (Austria) procede de los bosques de los Alpes septentrionales, mientras que el 40% del agua de Tegucigalpa (Honduras) desciende de los bosques nubosos del parque nacional La Tigra. En Kenia, el agua del monte Kenia genera el 97% de la energía hidroeléctrica del país. En Asia, la meseta tibetana funciona como depósito de agua para alrededor de tres mil millones de personas.