Los murciélagos le tienen miedo a la luna
En contra de lo que sugiere la cultura popular, iconografías varias y pelis de miedo, los murciélagos no son amigos de la luna. Todo lo contrario, la rehuyen, se esconden de ella y, según afirma una nueva investigación, en las noches más iluminadas por su luz reducen significativamente su actividad.

Fobia lunar, así llaman los científicos el miedo que los murciélagos tienen al único satélite natural que posee la Tierra. Se trata de un fenómeno que ya se había detectado, y sobre el que existen numerosos estudios desde hace alrededor de dos décadas.

Precisamente, esta nueva aproximación al tema ha partido de la recopilación de anteriores investigaciones, concluyendo que la actividad en los hábitats donde la luna brilla con intensidad su actividad disminuía, sobre todo en relación a otros entornos más oscuros.

La explicación de este comportamiento, según los autores, podría deberse a un aumento del riesgo de ser depredados (es más fácil su identificación para posibles predadores), así como una paralela disminución de las oportunidades de alimentación (hay menos presas, precisamente por el mismo motivo), afirman.

Los hallazgos de este curioso estudio llevado a cabo por la Universidad Nacional Autónoma de México se han publicado en la revista Mammalian Biology, y sus autores los valoran como “la primera evaluación fiable del fenómeno de fobia lunar”.

Por lo tanto, estos resultados dotan de significado a la evidencia que ya se conocía, y que puede resumirse del siguiente modo: a mayor intensidad de la luz de la luna, menor actividad. Ahora, además, sabemos que la fobia lunar es un comportamiento común en los murciélagos, independientemente de su especie y del lugar donde habiten, si bien la reducción de la actividad dependerá del tipo de hábitat en el que se encuentre. Lógicamente, si su entorno está más protegido de la luz de la luz de la luna gracias al bosque, su influencia será menor.

Se encontró una excepción que merece recalcarse: los murciélagos que sobrevuelan las copas de los árboles no tienden a disminuir su actividad en las noches más iluminadas.