Los plaguicidas matan a millones de abejas cuando florecen los árboles
Podríamos afirmar que millones de abejas mueren en primavera, a consecuencia de las fumigaciones, pero lo cierto es que lo hacen desde antes, puesto que el mercado pide variedades tempranas y, como es normal, los agricultores no dejan pasar esta oportunidad de negocio.

Además, no puede obviarse que el cambio climático trae temperaturas primaverales de forma temprana. Sea como fuere, la situación es la misma, y no precisamente buena, sino todo lo contrario. El drama ambiental está servido: las abejas, polinizadores clave, se intoxican como consecuencia de los plaguicidas, y lo hacen por millones, según denuncian asociaciones conservacionistas como Greenpeace.

El caso detectado en Murcia, zona agrícola de regadío que abastece a buena parte del país con frutas y hortalizas, amén de las exportaciones que realiza, ha merecido la atención de los medios. En su gran mayoría, como es bien sabido, mediante agricultura intensiva, que tiene de ecológica lo mismo que yo de astronauta.

Intoxicación masiva de abejas

El caso no es para menos: alrededor de tres millones de abejas han muerto intoxicadas en Mazarrón, municipio murciano donde 180 colmenas de la finca conocida con el nombre de Cañada del Gallego.

Los plaguicidas matan a millones de abejas cuando florecen los árboles
Según la Asociación de Apicultores de la Región de Murcia, nada contentos con ello, lógicamente, las abejas que se encontraban en las colmenas consiguieron salvarse, siendo masiva la muerte de aquellas que estaban en el campo. Concretamente, en los campos donde se produjo la intoxicación.

Según el veterinario de la organización de apicultores de la región, Carlos Zafra, se trata de un problema que afecta a las abejas en fechas muy concretas, coincidiendo con los tratamientos plaguicidas y la aplicación de otros productos químicos para el cuidado del campo.

Por lo tanto, de igual manera que se ha hecho el zoom en este municipio murciano, podríamos hacerlo en otros puntos de la geografía española, idealmente en fechas en las que se hace uso y abuso de este tipo de productos químicos.

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No sería ninguna sorpresa comprobar que se produce el mismo problema, y de hecho apuesto a que será habitual este tipo de sucesos, si no con muertes que se cuenten por millones, sí por miles, e incluso superando las bajas detectadas en la citada finca.

Una bomba atómica

Desde Greenpeace hacen un análisis muy esclarecedor de estas prácticas, cuando afirman que estos productos son “bombas atómicas” que acaban con la biodiversidad. Es decir, consiguen su objetivo, pero van más allá, precisamente porque “matan moscas a cañonazos” y, por lo tanto, los efectos secundarios son terribles para el entorno.

De hecho, no sólo matan a las plagas, sino a la biodiversidad beneficiosa, entre otros insectos a los polinizadores, lo cual supone también una pérdida para los agricultores, puesto que las abejas son los grandes aliados de la agricultura.

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Ellas hacen posible que los cultivos puedan cumplir su ciclo, y sin llegar al extremo que pronosticó Einstein, lo cierto es que en buena medida la seguridad alimentaria depende de estos insectos benefactores. O, lo que es lo mismo, nuestra propia supervivencia.

¿Cómo solucionarlo? La agricultura orgánica sería una excelente solución, pero a día de hoy sencillamente utópica, por lo que con los pies en el suelo, los apicultores y también los activistas ambientales exigen un mayor control del uso de estos plaguicidas y otros productos fitosanitarios agrícolas.

Por otra parte, están los posibles daños que ocasionan en el organismo. Puesto que no son pesticidas biológicos, cuya efectividad en el control de plagas está demostrada en la agricultura bio, este tipo de pesticidas son mucho más tóxicos para los humanos o los animales, dejando además residuos que también resultan perjudiciales.

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Al margen de lo que la ciencia haya avanzado o siga haciéndolo en sus análisis de los efectos perjudiciales que ocasionan los plaguicidas y demás química agrícola, lo cierto es que el sentido común basta y sobra para entender que puede provocar problemas.

Tanto en personas, animales de granja o domésticos, flora y fauna como en el mantenimiento del ecosistema como garantía de sostenibilidad de cara a poder seguir habitando este planeta sin que haya problemas de abastecimiento de recursos básicos.

A ello, además, hay que sumar problemas relacionados con el avance del cambio climático y la superpoblación mundial, entre otros. Por lo tanto, un análisis de conjunto, que adopte un enfoque holístico, hace aún más luz sobre la importancia de cuidar el hábitat en el que moran las abejas silvestres.

Otras amenazas

Hasta tal punto que podemos afirmar que uno de los mayores riesgos para nuestro entorno y salud proviene de los pesticidas químicos. En lo que respecta a las amenazas que sufren las abejas, además de estos productos químicos hay que mencionar los monocultivos, el cambio climático, parásitos como la varroa (por problemas de comercio global) y los insectos invasores, en particular la avispa asiática.

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Todos son problemas, como puede verse, atribuibles al ser humano. Nosotros la ponemos contra las cuerdas y, con su progresiva extinción en todo el mundo, también ella nos acabará poniendo a nosotros. De no tomar medidas que realmente resulten efectivas, es el futuro que nos espera. Ahora sí, dándole toda la razón habida y por haber al señor Einstein.

Eso o, por ejemplo, apostar por las abejas robóticas, ahora que los versátiles drones están tan de moda. Aunque tampoco sería una buena solución, tan solo un mal parche cuya eficacia real todavía está por demostrar, si bien no hacen falta pruebas de ningún tipo para saber que nada volvería a ser lo mismo.