Madereros amenazan a agricultores para talar ilegalmente la Amazonia
La deforestación sigue siendo un problema sin resolver en Brasil. A pesar de los esfuerzos para concienciar a empresas madereras, agricultores y ganaderos, a pesar de la vigilancia, las multas, las leyes, a pesar de todo se sigue perdiendo selva en Brasil. Aunque, al menos, hay que apuntar que el ritmo de deforestación es menor que el de años pasados.

Con todo, empresas que comercian con la madera de los árboles encuentran maneras de conseguirla de la selva aunque sea de forma ilegal, mientras que la venden como si hubiera sido obtenida legalmente. Las propias comunidades locales lo denuncian.

Los jóvenes agricultores brasileños sí se dan cuenta del problema que supone la deforestación de la Amazonia y se posicionan totalmente en contra de ella. En el valle del río Xingú, en la Amazonia oriental, unas trescientas familias viven de la agricultura y no quieren tener ninguna relación con los madereros. No sólo porque destruyes la selva, sino porque, además, no pagan lo suficiente por la madera. El futuro de sus hijos está en juego. Ellos prefieren cultivar cacao, que proporciona ingresos decentes (en todos los sentidos de la palabra).

Lo que denuncian las comunidades locales es que los madereros roban troncos de sus tierras para engañar: utilizan documentos falsos y hacen que parezca madera talada legalmente. Esta práctica ilegal tiene nombre en Brasil: se llama “calentar” la madera.

Se pueden cortar árboles de forma legal. Pero, para ello, hay que pasar un proceso burocrático: lo primero, elaborar un inventario de las especies que hay y, después, solicitar un permiso al Gobierno para poder talarlos. Si el propietario se compromete a reforestar el área despejada, la tala será autorizada.

Pero algunos madereros sobornan o, peor aún, intimidan a los dueños de las tierras para crear documentación falsa, que luego compran, a menudo bajo amenazas y por una suma insignificante.

Vigilancia privada

El problema ha llegado a un punto en el que los agricultores locales han pedido que se instale un puesto de vigilancia para proteger el lugar, aunque tengan que pagar a una empresa de seguridad privada.

No es un caso único. En otros lugares, como el asentamiento de PDS Virola-Jatoba ocurre algo similar. Los mercaderes ilegales de madera son una mafia con la que hay que tener mucho cuidado. Se reciben amenazas de muerte.