Mapaches y loros son una plaga en Madrid
Turistas irresponsables que traen especies exóticas y que, al no poder hacerse cargo de ellas, las sueltan y se convierten en una plaga, en un grave problema ambiental de difícil solución. En Madrid, está ocurriendo con mapaches y loros. La tranquilidad de las personas se ve alterada, pero eso no es lo peor. Lo realmente grave es que suponen un peligro para las especies nativas, especialmente para algunas aves.

La capital de España ha comenzado a desarrollar un plan para sacrificar mapaches americanos y loros verdes provenientes de Argentina. No hay otra opción. Las poblaciones de estas dos especies están llegando a ser una plaga. Ambos animales se usaron como mascotas en Europa. Los mapaches, en fecha más reciente, apenas desde hace un par de años.

Algunas de estas mascotas escaparon. Otras fueron abandonadas. El caso es que, sin depredadores, han proliferado rápidamente. Los loros viven una media de diez años y cada pareja reproductora puede criar hasta cincuenta pollos a lo largo de su vida. Anidan en parques, creando colonias grandes y estridentes. Los loros se alimentan del césped recién sembrado y expulsan a las especies de aves autóctonas.

Aparte del daño ambiental, está el ruido. Las colonias de loros son muy ruidosas. El Retiro, el famoso parque situado en el centro de Madrid, se llena con el graznido de cientos de loros.

Mapaches con rabia y otras enfermedades

Mapaches y loros son una plaga en Madrid
Los mapaches, por su parte, son un problema de salud pública, ya que pueden transmitir la rabia y un parásito (Baylisascaris procyonis) que ataca al sistema nervioso humano. Como no tienen depredadores naturales en la zona, se han convertido en una plaga. Ellos mismos, en cambio, sí son depredadores para otras especies. En su dieta, huevos de aves, crías de especies protegidas o basura.

Así, el Ayuntamiento ha autorizado la captura y muerte de estas dos especies. Pero es esencial para el medio ambiente que no se use para ello veneno. Los loros se pueden atrapar con redes. Después habría que localizar y destruir sus nidos. Aún es posible controlar la población de las dos especies. Pero se debe hacer de una manera que no dañe el medio ambiente.