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Más árboles en nuestro entorno, más vida

Más árboles en nuestro entorno, más vida

Tener una vida más larga y una mejor calidad de vida es uno de los efectos positivos que nos aporta un entorno verde, en el que estemos rodeados por árboles. En este post daremos un repaso a interesantes investigaciones que llegan a esta conclusión, de uno u otro modo.

Un ambiente natural es benéfico

Entre los principales factores de la longevidad, además de la alimentación, un estilo de vida activo, la genética, el tipo de personalidad o el ambiente socio cultural, entre otros, destaca también el ambiente natural, según Caridad Llanes, geriatra y gerontóloga de la Facultad de Ciencias Médicas Calixto García de La Habana, en Cuba.

Ese ambiente natural significa, a juicio de la experta, un hábitat saludable, "con abundantes árboles" para así favorecer un entorno que favorezca la longevidad y calidad de vida.

Aunque "no es posible en las condiciones actuales habitar en los bosques, sí podemos adquirir hábitos que conlleven las visitas a estos lugares, siempre que sea posible", recomienda. A falta de estas escapadas a enclaves naturales, también se puede contribuir a su recuperación en zonas urbanas mediante la siembra de árboles y jardines, apunta.

Ya vimos en un anterior post los muchos beneficios de los árboles urbanos como recurso ambiental de inestimable valor para hacer las ciudades más habitables.

Su generación de oxígeno y absorción de CO2 purifica el aire de las contaminadas ciudades, transforma el paisaje, combate el efecto de isla de calor que se produce en las ciudades y actúa como sumidero de carbono, entre otras ventajas.

Menos estrés, mejor y más vida

Igualmente, la naturaleza ayuda a que el estilo de vida urbanita, lleno de tensiones, no acabe afectando a la salud y acortando la esperanza de vida. No me refiero, lógicamente, a una vida salvaje, en la que el estrés esté presente a cada minuto, sino a actuar como bálsamo para aquietarnos y eliminar las tensiones.

Como primates que somos, nuestra genética sigue agradeciendo el apego a lo natural y en ese concepto de naturaleza los paisajes boscosos tienen un papel clave.

Bosques centenarios terapéuticos

Otro tipo de terapia la encontramos en los bosques terapéuticos. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Girona, los bosques maduros son más terapéuticos.

El estudio demostró, en concreto, que los bosques centenarios ayudan a los enfermos de fibromialgia, mejorando sus dolores y ayudándoles a dormir mejor cuando uno de los dos grupos participantes se paseaban por bosques centenarios. Por contra, los que lo hicieron por bosques jóvenes no notaron mejoría.

Si de evitar crímenes y discusiones se trata, los árboles también pueden prolongar la vida de los habitantes de grandes ciudades que tienen la suerte de tenerlos en su entorno. Así lo concluye una encuesta realizada por la Universidad de Temple, en Pennsylvania, Estados Unidos.

El trabajo demostró que los árboles y arbustos bien cuidados son mucho más que un simple lugar para el solaz. Más allá de eso, son un punto verde socialmente positivo, en el que interactuar y liberar tensiones.

Árboles cerca, mujeres más longevas

Por último, un estudio de la Universidad de Harvard publicado en abril de 2016 en la revista Environmental Health Perspectives concluyó que las mujeres que viven rodeadas de vegetación parecen tener tasas de mortalidad menores que las que viven en ciudades.

Básicamente, el estudio concluyó que estar rodeados de árboles podría alargar la vida de las mujeres, puesto que las que viven rodeadas de árboles tienen una tasa de mortalidad menor, de un 12 por ciento menos, que las que viven en urbes.

Los científicos afirman que esta mayor longevidad es consecuencia no solo del entorno más natural en sí mismo, sino también de las consecuencias sociales que ello genera. Además de la reducción del estrés, se crea un clima de mayor compromiso social, se hace más actividad física y se reduce la exposición a la polución atmosférica, concluyen.

Conclusiones

Un trabajo publicado en la revista PNAS es una de ellas, pero lo hace yendo lejos, perdiéndose en la noche de los tiempos, en los inicios de nuestra evolución. Eso sí, revela que vivir no solo cerca de los árboles, sino en los árboles mismos permite tener una vida más larga.

Científicos de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos demostraron que volver a los árboles, yendo en contra de la evolución, podría ayudarnos a soplar más velitas.

El estudio llegó a la conclusión de que, tanto en los primates como en otros mamíferos arbóreos este hábitat reduce la mortalidad, retrasa el envejecimiento y, en fin, aumenta la longevidad. Se trata de un fenómeno similar al que la ciencia detectó aves y murciélagos, más longevos que otros animales no voladores de un tamaño parecido.

Del mismo modo que la vida en los árboles resulta protectora en muchos sentidos, se considera que el vuelo reduce la exposición a patologías, depredadores y otros riesgos.

La investigación analizó 776 especies de mamíferos, concluyendo que los animales capaces de trepar a los árboles viven más, hasta el punto de duplicar la esperanza de vida de mamíferos terrestres de tamaño equiparable que no pueden hacerlo. Una conclusión que, según los científicos, explica la elevada esperanza de vida de los primates, entre los que nos encontramos.

Sin embargo, ahora no lo hacemos, pero sí nos protegemos de muchos peligros mediante otros sustitutos, como son básicamente la vida en sociedad y las ventajas de la civilización. Para los humanos, las ventajas asociadas a la vida en entornos verdes actualmente viene de otro lado.

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