Masacre de cientos de delfines en Japón
Japón sigue haciendo de las suyas con la pesca de delfines. Es terrible ver las imágenes de la cacería que realizan cada año, pero en realidad es también una suerte que los activistas nos pongan delante de las narices cómo las gastan los nipones en estas cuestiones.

Gracias a esa luz y taquígrafos se consigue una presión mediática que fuerce a crear normas internacionales que impidan esta práctica, hoy por hoy inexistentes. En concreto, se persigue el control de la Comisión Ballenera Internacional para así evitar que acabe siendo jurisdicción nacional.

En los últimos días, el grupo ecologista Sociedad de Conservación Pastor del Mar (Sea Shepherd Conservation Society) retransmitió en directo la matanza, la mayor redada de delfines en los últimos cuatro años. Causaba estupor contemplar tamaña barbaridad, decenas de delfines chapoteando desesperadamente mientras trataban de escapar, encerrados en una ensenada en la que habían sido acorralados con redes.

Cautiverio y consumo

El balance de la masacre anual de delfines nariz de botella fue de cerca de 250 delfines capturados, de los que se seleccionaron 52 para mantenerlos vivos para venta a acuarios y otros clientes, incluyendo una rara cría albina y su madre. Del resto, mataron a unos 40 para consumir su carne, y el resto fueron liberados.

La indignación internacional no se ha hecho de esperar. Además del acorralamiento y de las terribles escenas mostradas en vídeos, acompañados por constantes actualizaciones en twitter, ha acongojado el hecho de que la práctica sea legal. Por si fuera poco, la ONG recuerda que ha habido otras muchas cacerías desde que comenzara la temporada de pesca, si bien esta ha sido la más grande.

Los japoneses arguyen que la cacería forma parte de sus tradiciones y calificaron de hipócritas a los críticos extranjeros que no dudan en comer otros tipos de carne. Bonita manera de echar balones fuera.