Muere un surfista en Australia atacado por un tiburón blanco
Un surfista ha muerto en Australia al ser atacado por un tiburón. Ha ocurrido a 4 kilómetros de la costa de la isla Wedge, en el suroeste de Australia, a unos 160 kilómetros al norte de Perth. Fue un tiburón blanco el que atacó al aficionado al surf. Es la quinta muerte de este tipo en la zona en menos de un año.

Otro hombre, que navegaba en una moto acuática, también aseguró haber sido atacado por el mismo animal cuando acudió al rescate del surfista. “Conseguí agarrar el cuerpo y el tiburón vino hacia mí e intentó tirarme, di otra vuelta y cuando volví, el tiburón se lo estaba llevando”, aseguró el hombre a un canal de noticias australiano. Es inevitable pensar en la película Tiburón.

Según lo que contó este hombre, al llegar al lugar, sólo había sangre por todas partes y un enorme, gigantesco tiburón blanco dando vueltas alrededor. En los últimos cuarenta años se han registrado treinta ataques de tiburones en la costa oeste de Australia, doce de los cuales han resultado mortales para algún ser humano.

Ante esta situación, se ha comenzado a valorar si sería conveniente levantar la protección a estos animales. Primero, se trataría de elaborar un censo de tiburones para, después, determinar si es necesario mantenerlos como especie protegida. El ministro de Pesca, Norman Moore, ha señalado que desea un censo de los animales y evaluar después si es necesaria la prohibición de matarlos.

De momento, el Departamento de Pesca del Estado ha ordenado cerrar las playas. Hay hombres patrullando las costas desde el alba, pero no hay señal del agresivo tiburón, según ha asegurado Tony Cappelluti, responsable de la Unidad Antitiburones del organismo. Las playas permanecerán cerradas hasta nuevo aviso.

Se han invertido 14 millones de dólares para estudiar a los tiburones blancos y su comportamiento y saber, en definitiva, por qué atacan al hombre. Si el estudio demuestra que los ejemplares de la población están aumentando, quizá se deba considerar si se deben mantener entre las especies protegidas, ha puntualizado Moore.

Estos animales no tienen predadores, excepto el ser humano, algunas ballenas u otros escualos, y permanecen sin ser molestados en la costa oeste de Australia durante meses. Los ataques al hombre, unos quince al año y, al menos, uno mortal, aumentan junto con el aumento de la población y de los deportes acuáticos.