Peces con comportamientos extraños por los ansiolíticos que llegan a los ríos
Una sociedad enferma tiene ciudadanos enfermos. Y esta vez hablamos de la mente, no del cuerpo. En las sociedades desarrolladas, cada vez se consumen más fármacos contra la depresión, contra la ansiedad y contra otras enfermedades psicológicas. En vez de tratar de solucionar los problemas, se esconden los síntomas.

Pero lo que no se esconden son las sustancias, que, no sólo afectan al ser humano (que, al fin y al cabo, las toma conscientemente, porque quiere), sino que acaban llegando a la naturaleza y afectando a otros seres vivos. Una vez más, sin comerlo ni beberlo (aunque, en este caso, es precisamente ésa la razón, que los comen y los beben), los animales se ven perjudicados por sustancias que crea y distribuye el hombre.

Los fármacos, a través de la orina o porque se arrojan por el váter cuando caducan, llegan a las cañerías, y de ahí, a los ríos, al medio ambiente. Es un gran problema ecológico, ya que, según un estudio elaborado por científicos de la Universidad de Umea (Suecia), las plantas de depuración no están preparadas para retirar los fármacos, que llegan a la fauna de los ríos y alteran gravemente su comportamiento. ¿Se están volviendo locos los peces de algunos ríos?

Peces con comportamientos extraños por los ansiolíticos que llegan a los ríos
El trabajo ha sido publicado en la revista Science y se centra en uno de los ansiolíticos más usado, el Oxazepam, y en sus efectos sobre una perca europea de nombre científico Perca fluviatilis. Según el equipo dirigido por Tomas Brodin, la exposición a este ansiolítico detectados en los ríos de Suecia no muy lejos de las plantas de tratamiento de aguas hace que los peces coman más rápido, se vuelvan más intrépidos y tengan un comportamiento menos social. Peces drogados, en una palabra.

Peces más intrépidos

Este fármaco se usa para tratar la ansiedad. Pero se desconocían sus efectos en los animales. La exposición, incluso a niveles menores a los encontrados en los ríos suecos, altera el comportamiento y la alimentación de los animales.

Los peces que fueron tomaron Ozxazepam se atrevían a abandonar refugios seguros y a entrar en áreas potencialmente peligrosas. Además, devoraban la comida mucho más deprisa que los animales que no habían ingerido el fármaco. Esto puede suponer problemas ecológicos, ya que este comportamiento puede desequilibrar la cadena alimenticia de los ríos.

Otras percas drogadas perdían el interés por permanecer en el grupo y se alejaban del resto de sus congéneres.