Pequeños agricultores y productos locales acabarían con la crisis alimentaria y medioambiental
El Premio al Sustento Bien Ganado, en inglés, premio Right Livelihood, es considerado el Premio Nobel Alternativo. Se entrega desde 1980 con el objetivo de apoyar a aquellas personas que trabajan en la búsqueda de soluciones para los cambios más urgentes y necesarios en el mundo actual.

Se premian proyectos de protección medioambiental, derechos humanos, desarrollo sostenible, salud, educación, paz, etc. El premio son 150.000 euros y, normalmente, los premiados son cuatro, aunque uno de los galardones es honorario y no recibe dinero. En todo caso, el premio es para financiar actividades o proyectos de interés público y, sobre todo, para promocionar al premiado y a su proyecto.

Uno de los últimos galardonados ha sido Henk Hobbelink por su oenegé Grain, que trata de impulsar la soberanía alimentaria a través de la relación y la cooperación con líderes campesinos. Hobbelink sostiene que un modelo agroalimentario basado en la pequeña explotación, en los pequeños terrenos trabajados por pequeños agricultores, ofrecería productos locales frescos y sabrosos, a buen precio, fomentaría la economía rural y solventaría la crisis alimentaria. Y protegería el medio ambiente.

Hobbelink sostiene (y no sólo él) que hay comida en el mundo para alimentar a todas las personas que vivimos en él. Sin embargo, mil millones de personas no están bien alimentadas. Y, según este ingeniero agrónomo, vamos a peor. La razón es que la comida se trata como negocio y no como una necesidad básica para todo ser humano. En otras palabras, el sistema financiero y las grandes compañías multinacionales son las culpables de esta tremenda injusticia global.

Y si vamos a peor es porque la tierra está cada vez en menos manos: los pequeños campesinos desaparecen y las grandes compañías acaparan más y más tierras. En los últimos cinco años, los grandes inversores internacionales han adquirido unas 70 millones de hectáreas de tierra agrícola.

Por otra parte, no siempre las usan para cultivar alimentos. Muchas de estas tierras se usan para producir biocombustibles o piensos. El 90% de la soja y el 40% del maíz no se convierten en alimento, sino en biocarburantes. Lo importante para las grandes corporaciones es especular con el precio de los alimentos y ganar dinero a costa del hambre de millones de personas.

Pequeños agricultores y productos locales acabarían con la crisis alimentaria y medioambiental
Así mismo, se daña el medio ambiente: se pierden variedades agrícolas locales tradicionales y se sustituyen por semillas diseñadas en laboratorio. En la actualidad, es así en un 80% de los casos.

Todo ello, lleva a un perjuicio social. Los campesinos son obligados a abandonar sus tierra y acaban en los extrarradios de las ciudades, mendigando porque no tienen trabajo ni nada para comer.

Un último perjuicio al planeta es el transporte y la producción de todos esos alimentos, que se basan en una economía del petróleo: abonos y pesticidas sintéticos, combustible para tractores y para transportar cosechas a otra parte. El 20% del tráfico rodado en Estados Unidos transporta comida. La industria agrícola es responsable de la mitad de las actuales emisiones de dióxido de carbono (CO2).

La solución al cambio climático

Según Hobbelink, si se apostara totalmente por el modelo de agricultura local seríamos capaces de controlar el efecto invernadero y el cambio climático no sería un problema.

Pero, además, el consumidor también obtendría beneficios. Las grandes multinacionales de la agroindustria sólo están pendientes del buen aspecto del producto, que estén bien empaquetados y puedan soportar esos largos viajes (algo similar a lo que está pasando al propio ser humano, cada vez más preocupado por su imagen exterior). A las grandes compañías de frutas y verduras no les interesa el sabor de los productos.

De ahí que el sistema sea injusto e insolidario porque toneladas de comida en perfecto estado se tiran a la basura sólo porque no tiene un buen aspecto. Hobbelink asegura que el 40% de los alimentos no llega a la mesa. A lo que habría que sumar lo que desperdiciamos porque compramos de más.

La solución de este experto es claro, por tanto: soberanía alimentaria y agroecología. Para ello, sólo hay que poner en contacto a consumidores y agricultores. Internet lo hace posible.