Plaga de algas tóxicas en Cleveland por el calentamiento global
El cambio climático trae fenómenos naturales insospechados y no carentes de cierta belleza o, al menos, cierta originalidad. La ciudad de Cleveland se encuentra a la orilla del lago Erie, uno de los Grandes Lagos entre Estados Unidos y Canadá. La orilla de la ciudad, en los últimos tiempos, a menudo aparece con un color verdoso. Son algas venenosas que proliferan y tiñen de dicho color las aguas del lago.

El satélite Aqua de la NASA ha tomado fotografías en las que se puede ver el fenómeno. Se trata de un tipo de algas que son cianobacterias tóxicas. Al norte de la ciudad de Cleveland, el lago estaba lleno de ellas. Pero no sólo ocurre en la ciudad de Cleveland: esta masa de algas cubre casi una quinta parte de la superficie del lago Erie.

Nunca antes se había producido este fenómeno con tanta virulencia. Es el mayor florecimiento de algas en la historia del lago. Quizá el color guste a algunas personas. No así el olor: las algas huelen fatal.

Pero el hedor no es lo peor de todo. Las algas dejan el agua sin oxígeno y muchas criaturas que viven en el lago mueren por hipoxia. De hecho, si un perro se acerca al agua y bebe, puede morir en cuestión de horas, envenenado. En cuanto a los síntomas que pueden sufrir los seres humanos son constipados y fiebre. Las algas también pueden producir en los peces un cambio de sexo.

Una invasión de algas parecida ocurrió en los años sesenta del siglo pasado, causada entonces por las toneladas de fósforo provenientes de la agricultura y la industria que se filtraban hasta el lago por los acuíferos y los sistemas de alcantarillado de las ciudades que rodean el lago Erie. Estados Unidos y Canadá llegaron a un acuerdo para no contaminar el lago con productos químicos y el problema se resolvió.

Usar las algas para producir biocombustibles

Plaga de algas tóxicas en Cleveland por el calentamiento global
En la actualidad, la culpa es del calentamiento global, según investigadores de la Carnegie Institution for Science. En parte, el proceso es culpa de los agricultores que siguen usando fertilizantes a base de fósforo. Al llegar al lago, ese fósforo es nutriente para las algas. Pero, además, las algas crecen más por las altas temperaturas y la poca circulación del agua, que les permite subir a la superficie y recibir más Sol.

Quizá sea hora de aprovechar este fenómeno y desarrollar una industria de biocombustibles a base de algas.