El poder curativo de las abejas
Las abejas no sólo benefician al medio ambiente, ya que polinizan las plantas y realizan otras importantes funciones en la naturaleza, sino que pueden servir como método curativo. Algo que no es nuevo. Los romanos ya utilizaban picaduras de abeja para curar migrañas, según asegura José David Versaci, apiterapeuta que usa tratamientos con apitoxina, el veneno de las abejas.

Esta sustancia, la apitoxina, estimula de forma natural la producción de corticoides y, además, contiene dopamina. Pero hay más. Las abejas tienen una intuición natural para detectar el punto exacto del cuerpo que no está sano. Ahí es donde clavan su aguijón e inyectan su veneno.

En la antigua China, las abejas ayudaron a construir un mapa de la acupuntura, identificando las zonas conflictivas del cuerpo humano, los canales corporales o un golpe recibido en el cuerpo. Las abejas se sienten agredidas y sacan el aguijón, atacando con su veneno. La mancha roja que sale a causa de la picadura funciona como parche natural. El organismo atacado va absorbiendo poco a poco la apitoxina.

En algunos países, esta ciencia se imparte como materia en las facultades de Medicina, según Versaci. En su opinión, es una terapia que no resulta rentable para las compañías farmacéuticas, ya que al extraer el veneno de las abejas se volatiliza más del 80%.

Pero no cualquier abeja se puede utilizar como “acupuntora”. Es esencial que esté libre de cualquier producto químico. Así que no sirven la mayoría de las abejas que viven en colmenas productoras de miel, que, en su mayoría, son tratadas con este tipo de sustancias.

Desde artritis y reúma a psoriasis

El poder curativo de las abejas
El veneno de las abejas tiene beneficios demostrados en tratamientos de artrosis, artritis, reúma, hernias discales, esguinces y fracturas, así como en problemas de tensión arterial, circulación o psoriasis. Históricamente, los apicultores que realizan su trabajo de forma tradicional no padecen de artrosis ni de artritis.

Daniel Robles, de 30 años, se ha tratado con este método la escoliosis que padece. En cada sesión, dos abejas le pican en la espalda. Asegura que esos diez segundos de dolor compensan: antes no podía hacer vida normal por el dolor causado pro la enfermedad.