Rinocerontes volando para escapar de los cazadores
Son muchas las medidas empleadas para combatir la caza ilegal de rinocerontes. Desde la habitual vigilancia, por lo general poco efectiva, hasta la instalación de dispositivos que emiten señales de alerta cuando los cazadores actúan. Incluso se ha intentado desalentar a los cazadores serrando los cuernos.

Sin embargo, de poco o nada valen las iniciativas para su protección si hacemos balance. O, lo que es lo mismo, si tenemos en cuenta que por mucho que se avance, los cazadores aún lo hacen más cuando utilizan la tecnología a su favor. Y el resultado es el que es: el rinoceronte está en franco declive.

Se trata, como es bien sabido, de una especie en grave peligro de extinción. Junto con los tigres y los elefantes, los rinocerontes forman parte del grupo de especies más vulnerables frente a la caza furtiva.

Rinocerontes volando para escapar de los cazadores
Pero no todo está perdido. Pese a que la caza furtiva es uno de los mayores negocios clandestinos, con unas ganancias similares al tráfico de drogas o de armas, según advierte el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), la guerra contra los cazadores clandestinos no cesa.

Un drama que no cesa

En el mercado negro, el precio de un cuerno de rinoceronte es superior al de la cocaína. Un ejemplo que habla por sí solo sobre la tragedia que sufre este animal, agudizada desde hace unos años, coincidiendo con el boom de las nuevas tecnologías.

Buena prueba de ello es el traslado en helicóptero que se hace desde hace años para alejarlos del peligro. La estrategia de apostar por la diversificación geográfica es una buena forma de mantenerlos a salvo o, al menos, de reducir en gran medida las probabilidades de que se los carguen.

Rinocerontes volando para escapar de los cazadores
Estos días, precisamente, ha sido noticia el rescate de un rinoceronte negro de los depredadores y cazadores clandestinos mediante este método. El animal, de casi una tonelada de peso viajó colgando de un helicóptero, boca abajo y con los ojos vendados.

Se utiliza un helicóptero porque es el medio de transporte idóneo para sacarlos de su entorno, caracterizados por ser enclaves de difícil acceso. Tras su extracción, sencillamente se les traslada hasta una carretera cercana, y tras depositarlos en el suelo se les lleva en jaulas hasta su destino.

Otras veces, sin embargo, se realiza prácticamente todo el recorrido en helicóptero pensando en el bienestar de los animales, pues se reduce el estrés, entre otras ventajas, de acuerdo con los expertos. Un modo interesante de ayudarles utilizando los mismos medios de transporte que algunos cazadores, que hacen blanco desde los helicópteros.

Buscando un lugar más seguro

Las instantáneas de los rinocerontes volando son imágenes para no olvidar. Más allá de la simple anécdota, demuestran hasta qué punto es necesario recurrir a medidas desesperadas para ayudarlos. Así es como atraviesan ríos y llanuras, dormidos y colgados de las patas, para finalmente aterrizar y seguir su viaje, tras el cual será sometido a la colocación de un dispositivo que permita su geolocalización.

Rinocerontes volando para escapar de los cazadores
Ocurrió en la Reserva Great Fish River de Sudáfrica, donde es frecuente realizar capturas para la reubicación de animales con el fin de protegerlos. Básicamente, se trata de intentar salvar de las balas a quince rinocerontes negros que vivían en una reserva sudafricana trasladándolos a un área no desvelada, por obvias cuestiones de seguridad, al norte del país.

Polémica subasta de permisos

Pero además de la caza furtiva, otras iniciativas también pueden llevar a cabo auténticas salvajadas. Y no solo porque el mero hecho de que cazar suponga atentar contra el derecho a la vida, sino por el agravante añadido que supone matar a un ejemplar de una especie críticamente amenazada.

El polémico suceso lo protagonizó el Dallas Safari Club, un club de caza tejano que tuvo la idea de subastar un permiso para cazar un ejemplar de rinoceronte negro en el Parque Nacional Mangetti, de Namibia. Lo tremendo fue que se trataba de un acto legal, apoyado tanto por el gobierno y biólogos del país africano como por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos.

Los defensores de tal idea afirmaban que la licencia era muy estricta, destinada a cazar a un rinoceronte “viejo, no apto para la cría, y conocido por su agresividad a la hora de atacar y matar a toros más jóvenes, vacas y terneros en el parque”. Además, apuntaban que los beneficios se destinarían a financiar programas de conservación de rinocerontes.

Rinocerontes volando para escapar de los cazadores
Unos argumentos que, como era de esperar, no convencieron a los conservacionistas. “Es un esfuerzo profundamente retorcido para darle un giro responsable a la caza de trofeos”, criticaban desde la Fundación Internacional para el Bienestar de los Animales (IFAW, por sus siglas en inglés).

No era la primera vez que esto ocurría. En Namibia se han vendido licencias de caza para matar a rinocerontes que las autoridades consideran demasiado viejos para reproducirse, asegurando que el dinero se dedica a proteger a la especie.

Acabar con la caza

Los rinocerontes negros son una de las especies más amenazadas del planeta, tanto por el negocio de los trofeos como, sobre todo, por la medicina asiática, y dos de sus subespecies han desaparecido también a consecuencia de la caza. Actualmente quedan menos de un millar de ejemplares en libertad, según datos de la WWF.

Rinocerontes volando para escapar de los cazadores
El rinoceronte negro se diferencia del blanco principalmente por su color y menor tamaño, además de necesitan un hábitat más amplio, pues no tiene un comportamiento grupal. Alcanza 1,6 metros de altura y unos 1500 kilos. En algunos zoos se llevan a cabo exitosos proyectos de reproducción en cautividad, entre ellos el programa de cría del zoo de Dvůr Kralové, en Checoslovaquia.

Pero el drama de la especie es de tal magnitud que ni de lejos resulta suficiente como para salvar a la especie. Solo acabando con su principal enemigo, la caza furtiva, habrá esperanzas de supervivencia.