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Impacto ambiental del aumento de las temperaturas
El impacto ambiental del aumento de las temperaturas por el avance del cambio climático es, sin duda, uno de los grandes misterios que la ciencia está intentando dilucidar. Si bien se saben cuáles serán las consecuencias generales, el desafío se encuentra en conocer cuándo se producirá y de qué modo concreto afectará a unas u otras regiones.

Igualmente, la meta está en poder pronosticar de qué modo el caos provocado por el cambio climático provocará reacciones a distintos niveles, muchas de ellas en cadena, asociadas de forma directa o indirecta. Son muchos los interrogantes, en suma, que todavía necesitan respuesta, pero también es posible determinar, grosso modo, cuál será el impacto ambiental que se espera. Será en estas conclusiones generales en las que nos centraremos.

Un aumento de 4 grados para 2100

Si las emisiones de gases de efecto invernadero siguen al ritmo actual, el escenario es muy pesimista. Sin embargo, también es cierto que los científicos trabajan con modelos determinados, en función de los cuales obtienen unas conclusiones determinadas. Por lo tanto, no puede afirmarse que a finales de siglo se alcanzarán unas determinadas temperaturas como pronóstico inamovible.

La razón es sencilla: en caso de que las condiciones contempladas en el modelo o patrón empleados para realizar la investigación variasen de forma significativa por cualquier motivo (como una menor emisión de gases de efecto invernadero por un cambio de modelo energético o, por ejemplo, por el descubrimiento de nuevas tecnologías, etc.) su confiabilidad sería menor, lógicamente.
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Derretir la nieve de forma más ecológica
En esta época de nieve en Europa, cabe preguntarse si es ecológico usar toneladas de sal para derretirla. La sal común se usa para estos menesteres por su bajo coste y su capacidad para disminuir el punto de congelación del agua. Es, por tanto, un método sencillo, económico y efectivo para derretir la nieve y convertir carreteras y aceras resbaladizas y peligrosas en transitables. Sin embargo, su uso masivo puede suponer consecuencias negativas para el medio ambiente. Hay alternativas.

En países donde nieva frecuentemente durante un largo periodo del año, como las regiones septentrionales de Estados Unidos, Canadá, Alemania, Finlandia, Suecia o Austria, casi no se usa sal o se ha eliminado por completo para estos menesteres. En algunas ciudades, como Berlín, son los propios ciudadanos los encargados de retirar la nieve de sus aceras y el uso de sal está sancionado con multa. En España, en cambio, es el método más usado para derretir la nieve.
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La temperatura más baja de la historia de la Tierra
La temperatura más baja que se ha llegado a registrar en la historia reciente del planeta Tierra es de 89 grados bajo cero y se alcanzó precisamente en la Antártida en julio de 1983 a una altitud de 3.488 metros. Se llegó a esa cifra debido a una corriente de aire frío que se situó en la meseta antártica sin dejar paso al aire más cálido procedente de latitudes más bajas del globo.

La masa de aire frío procedente del océano Antártico se instaló durante diez días sobre la parte alta de la meseta antártica, donde está ubicada la estación científica rusa de Vostok, que registró este récord y que lleva desde hace muchos años midiendo las temperaturas tan extremas de esa región.

Además, se cree que la ausencia de nubes y una capa de minúsculas partículas de hielo suspendidas en el aire (diamante en polvo) contribuyeron a que el calor procedente de la superficie desapareciera. Los expertos piensan que no se volverán a repetir unas temperaturas tan bajas debido al calentamiento global. Pero los científicos aseguran que si se dan las condiciones, la temperatura más baja que jamás se podría registrar en el mundo sería de -96ºC.

Predicciones climáticas para largos periodos de tiempo
Ahora ya es posible hacer predicciones climáticas para periodos largos de tiempo. Ello es posible gracias al trabajo de unos ingenieros, quienes han conseguido inventar un dispositivo capaz de conseguir ese propósito gracias a la detección de las emisiones térmicas de la atmósfera.

Lo que hace que sea posible esa detección es un filtro de frecuencia selectiva con doble polarización, algo que hasta ahora es inédito. El invento ha gustado tanto que se instalará a partir de ahora en los satélites meteorológicos que estarán en órbita entre el 2018 y el 2020 mediante la agencia espacial europea.

Se podrán recopilar datos sobre humedad, temperaturas, composición de gases y otros indicadores que nos permitirán conocer mejor y con más antelación todo lo que está sucediendo en la atmósfera. El ingeniero Raymond Dickie ha querido poner énfasis en el hecho de que ahora se podrán obtener imágenes más complejas con longitudes de ondas muy cortas.

Además de los datos que os hemos comentado que será capaz de recopilar, también podrá analizar el cambio climático, cambios en la capa de ozono y el tamaño de las partículas de agua que se hallan en las nubes. Una auténtica revolución que nos permitirá conocer mejor las necesidades de nuestro planeta.