transgénicos

Arroz dorado: ¿La panacea o un riesgo para la salud y el medio ambiente?
Es un arroz del color del oro, y promete salvar vidas, pero ha salido de un laboratorio. El hecho de ser modificado genéticamente ha levantado un revuelto que más bien podría definirse como una guerra abierta entre los partidarios de la transgenia y aquellos que la rechazan de plano por atentar contra la salud y el medio ambiente.

Mientras Greenpeace nos advierte que no es oro todo lo que reluce, en clara alusión al color dorado del arroz y, sobre todo, a los beneficios atribuidos al mismo, la flor y la nata de la ciencia define su rechazo duramente, acusando a la organización ecologista de cometer un “crimen contra la humanidad”. Tengan razón unos, otros, ambos o ninguno, lo cierto es que la polémica está servida.

Una guerra que viene de lejos

El rechazo de la transgenia por parte de las organizaciones ecologistas y por buena parte de la población se remonta a los primeros cultivos transgénicos, y desde entonces, décadas atrás, la situación no ha hecho sino recrudecerse.

No podía ser de otro modo, habida cuenta de los problemas de seguridad alimentaria que plantean factores de tanto peso como la superpoblación y los eventos extremos ocasionados por el cambio climático. Además, no cabe duda de que la apuesta por una agricultura intensiva, en las antípodas de la ecológica, precisa multiplicar beneficios a costa de cualquier cosa, haciendo un uso y abuso de semillas transgénicas, pesticidas y fertilizantes químicos.

Arroz dorado: ¿La panacea o un riesgo para la salud y el medio ambiente?
¿Cuál es la mejor apuesta, la economía global o local? ¿Y, dentro de ésta, es preferible fomentar los cultivos ecológicos o proporcionar semillas transgénicas para asegurar las cosechas?

Como siempre, todo depende de las circunstancias, así como de las premisas de las que partamos. Mientras el activismo verde no duda en afirmar que la economía local basada en la agricultura orgánica es el modelo al que hay que tender, otras voces sostienen que los cultivos transgénicos pueden paliar el hambre en el mundo ayudando a mejorar las cosechas en cantidad y resistencia frente a riesgos climáticos.

Los argumentos de Greenpeace

Dentro de este contexto han de entenderse las polémicas suscitadas en torno al arroz transgénico dorado. Llamado en inglés Golden Rice, Greenpeace puede considerarse la punta de lanza de la oposición contra lo que llama “una peligrosa ilusión”.
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¿El cambio climático obligará a cultivar transgénicos?
La seguridad alimentaria mundial podría estar el peligro antes del 2050 y, de no tomarse medidas eficaces cuanto antes, la situación simplemente acabará yéndosenos de las manos. Es decir, se sucederán las hambrunas y, cómo no, sobre todo las sufrirán los sectores más vulnerables.

¿Una exageración, un pronóstico muy probable? Opiniones las hay de mil colores, y estudios científicos con muy diferentes conclusiones, es más que obvio. Pero hoy ponemos el foco en un reciente estudio que no duda lo más mínimo al respecto: si las cosas siguen igual, en breve el hambre será el próximo invitado que sentaremos en nuestra mesa.

Así de apocalípticas son las conclusiones de un reciente estudio realizado por la Universidad de Illinois. Liderado por el científico Stephen P. Long, el trabajo apunta a varias causas, a cual más difícil de solucionar. Sobre todo, al galopante desarrollo urbano, a un desbocado cambio climático y al imparable aumento de la población.

¿El cambio climático obligará a cultivar transgénicos?
O, lo que es lo mismo, tendremos un mundo cada vez más poblado, con menos espacio para el cultivo, una agricultura que seguirá arrinconando a la naturaleza y, para rematar, plagado eventos extremos aparejados al calentamiento global.

No es precisamente el edén, qué duda cabe, pero sí tenemos todas las papeletas de caer en la tentación de recurrir a controvertidas soluciones que nos hagan morder la manzana.

Eso sí, una manzana con pesticidas y, afinando aún más, también transgénica. Diseñada en el laboratorio para ganar más y alimentar también más. Es decir, para conseguir un alto rendimiento y también una buena rentabilidad gracias a su resistencia no a solo a las plagas, sino también a los plaguicidas,
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Récord de transgénicos en España
La ecología es una cuestión política. Hay países o estados que apuestan por las energías renovables y otros que no. Del mismo modo, hay países que impulsan el cultivo de transgénicos y otros que no. España es uno de los países que apuesta por los transgénicos, a juzgar por el nuevo récord que se ha alcanzado: en 2013 se han sembrado casi 137.000 hectáreas de maíz MON810, que provee la compañía Monsanto, un 18% más que el año anterior, según datos del Ministerio de Agricultura.

En Colombia, la situación es bien diferente. Tras más de un mes de protestas, los campesinos han conseguido un pequeño triunfo frente a las multinacionales de los transgénicos. Los campesinos protestaban por la resolución 970 de 2010, que les obligaba a comprar semillas genéticamente modificadas y, en caso de no usarlas, debían quemarlas.
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Insectos más resistentes por el uso de semillas transgénicas
Según las compañías que venden y distribuyen maíz y algodón genéticamente modificado (OMG), su uso no supone ningún inconveniente, las plantas son más resistentes a las plagas y los cultivos son más productivos. Claro que qué otra cosa pueden decir, si es su negocio. Y quizá sea cierto en el corto plazo, en el muy corto plazo, si hablamos de agricultura, durante los dos o tres primeros años de uso de semillas transgénicas. Pero, ¿y luego?

Las plagas de insectos también se adaptan a los pesticidas y a las plantas genéticamente modificadas y cada vez son más los parásitos resistentes al pesticida Bt, de modo que los beneficios de los cultivos transgénicos desaparecen. Según un estudio publicado en la revista Nature Biotechnology, desde 2010, 5 de las 13 principales especies consideradas plagas se han vuelto inmunes a las toxinas Bt del maíz y el algodón transgénicos.
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Un supertrigo que convierte en innecesarios a los transgénicos
El problema de los transgénicos no es sólo ecológico. Cuando un agricultor compra semillas transgénicas está entrando en un sistema de patentes del que es muy difícil salir. El verdadero problema de los transgénicos es que puede acabar con los pequeños agricultores locales, el problema de los transgénicos es económico y social pues es un sistema injusto.

Pero un nuevo tipo de trigo creado por un equipo de científicos ingleses podría significar el fin de los transgénicos. Según este grupo de investigadores, este trigo puede aumentar la producción hasta un 30%. Para su creación, han combinado una antigua variedad de trigo con una más moderna.
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Cómo luchar contra Monsanto
Monsanto es una las grandes multinacionales de los transgénicos, una empresa con mucho poder que puede presionar a políticos y agricultores para que sigan sus directrices. ¿Cómo contrarrestar ese poder? ¿Pueden hacer algo los agricultores? ¿Y los consumidores? Sí, cada uno a su manera.

En el caso de los agricultores, la medida es ciertamente radical, pero quizá sea la única posible: quemar los cultivos que han crecido a partir de semillas de la empresa. Porque no son sólo los cultivos en sí, sino que los transgénicos pueden perjudicar a otros campos que se encuentren lo suficientemente cerca.
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Tomates que duran el doble, saben mejor y son curativos
Lucen un color morado inquietante, y en un primer vistazo pueden confundirse con unas berenjenas o tambien con unas ciruelas negras, pero en realidad son simples tomates diseñados a golpe de transgenia.

Pero su color no es lo único sorprendente o, al menos, no lo más interesante de sus propiedades únicas, pues la modificación genética ha demostrado tener beneficios para la salud, además de mejorar su conservación de forma significativa.
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La Corte Suprema de EEUU da la razón a Monsanto y sus transgénicos
Los opositores y críticos de los transgénicos, los activistas y agricultores que luchan contra el poder de multinacionales como Monsanto, acaban de recibir un jarro de agua fría. El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha dictaminado (por unanimidad) que un agricultor de Indiana violó la patente de la compañía productora de organismos genéticamente modificados (OMG), en concreto, de una semilla de soja llamada Roundup Ready.

Es algo más que un problema medioambiental. Es un asunto económico (todo lo es, ¿verdad?) y de justicia social. Si un agricultor compra semillas de Monsanto, firma un contrato por el que se compromete a no guardar esas semillas. La razón es que Monsanto no quiere nadie conozca cómo se ha creado esa semilla (algo similar a lo que ocurre en otros campos, como con la tecnología, sector en el que las compañías parecen enfrascadas en una interminable lucha de patentes).
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