Trump relanza dos polémicos oleoductos
Los ecologistas no celebran la llegada de Donald Trump al poder, no es ningún secreto. De hecho, son muchos los problemas latentes y los avances en dicha materia que están en el punto de mira de unos y también del otro.

Mientras el activismo teme un retroceso general en lo ecológico, sobre todo cuando suponga un gasto y vaya contra los intereses creados, el nuevo presidente tiene claro que son cuestiones estratégicas que hay que abordar, y no precisamente pintándolas de verde.

Es lo que está empezando a ocurrir. Unos pocos días en el poden han sido suficientes para el nuevo presidente y su equipo comenzará a avanzar en dicho sentido de forma sonada.

No nos referimos a la eliminación de toda referencia al cambio climático de la página web de la Casa Blanca realizada nada más llegar ni a los recortes y suspensión de contratos en la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA) sino a la aprobación por decreto a continuar con dos polémicos oleoductos.

Trump relanza dos polémicos oleoductos
Podría considerarse un dardo al presidente saliente, sobre todo habida cuenta de que Obama también ha dejado atadas algunas cuestiones buscando un blindaje ambiental de cara a que Trump no pudiera hacer de las suya. Sobre todo, moviendo ficha justo antes de irse con leyes orientadas a protección del Ártico.

Keystone XL y Dakota Access

Keystone XL y Dakota Access, así se llaman los dos oleoductos de la discordia. Obama decidió en 2015 paralizar el primero ante las protestas que no cesaban.

Se pretendía evitar un desastre ambiental a consecuencia del transporte de crudo a una escala brutal. En concreto, se prevé el transporte de alrededor de un millón de barriles de crudo diarios recorriendo una enorme distancia.

El trazado del Keystone XL recorre todo el país con el fin de llevar el petróleo hasta las refinerías, desde Canadá hasta el Golfo de México.

Trump relanza dos polémicos oleoductos
Por su parte, el oleoducto Dakota Access también se ha visto envuelto en polémica, incluso con mayor gravedad que aquel. De hecho, los indios nativos se sumaron a las protestas ecologistas en Dakota del Norte.

Su relanzamiento es un proyecto millonario, que ronda los 3.800 millones de dólares, una inversión que Trump valora positivamente porque permite crear empleo y ayuda al desarrollo de la industria que depende del combustible fósil.

Incluso ha llegado a obviar los riesgos señalados en un informe de viabilidad por expertos del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, poniendo en peligro el abastecimiento de agua de una región cercana a una sección del Río Missouri.

El medio ambiente no es lo importante

Su decisión no considera el posible daño ambiental que provoca el relanzamiento de ambos oleoductos. Su prioridad es “poner a la gente a trabajar” y seguir apoyando al sector industrial que busca mejorar o conservar su competitividad sin reparar en los problemas que supone seguir contribuyendo al avance del cambio climático y a un entorno menos saludable.

Trump relanza dos polémicos oleoductos
Lógicamente, la firma de los decretos para relanzar los oleoductos ha sentado como un jarro de agua fría entre los activistas. Muy al contrario, otros lo celebraron.

El hecho de que Trump se describa a sí mismo como “ecologista” no deja de resultar extraño, pero al mismo tiempo indica bien a las claras que su gobierno va a considerar este tema un aspecto clave.

Muy probablemente, en contra de los intereses del medio ambiente, por mucho que se intente disfrazar en uno u otro sentido. Por lo pronto, resulta complicado interpretar lo contrario cuando el mismo Trump ha aprovechado una reunión con fabricantes de coches para afirmar que la normativa ambiental se encuentra “fuera de control”.

No hay que se un lince para imaginar qué les espera a las regulaciones en materia medioambiental ante la política de intervención que dice estar deseoso de aplicar.

Trump relanza dos polémicos oleoductos
Si a las pruebas nos remitimos, el hecho de que no le haya temblado el pulso a la hora de firmar ambos decretos, haciendo caso omiso a quienes se oponen desde hace años a que las obras continúen da buena cuenta de su estilo.

Durante el acto de la firma se intentó que Trump se pronunciara al respecto, preguntándole qué opinaba sobre el daño que suponía para los indígenas que un oleoducto atravesara por espacios naturales que además se consideraban sagrados para los indígenas.

Como respuesta, silencio. O, mejor, como respuesta a las reivindicaciones ambientalistas o de las tribus indígenas, la firma de ambos decretos.

Trump relanza dos polémicos oleoductos
Una actitud clara y transparente, no puede acusársele de oscuro, sin duda, y que sin duda ayuda a entender qué tipo de “ecologista” es Trump. Muy probablemente las protestas continúen y tenga que acabar pronunciándose al respecto. Las esperanzas de una actitud más favorable, sin embargo, son prácticamente nulas.

Los ecologistas no desisten. Predicar en el desierto es, en realidad, su especialidad, y es momento de afirmar que lo que se le quita a la naturaleza acabamos robándonoslo a nosotros mismos.

Sin negar la importancia de impulsar la economía, los grupos ecologistas critican el afán de ganar dinero a costa de todo. A costa de valores que van más allá de lo inmediato, pues poder vivir en este planeta el día de mañana tiene un valor que no puede dejarse de lado.

Básicamente, le acusan de buscar el pan para hoy y el hambre para mañana, así como en basar su política en el conflicto y no en el consenso. Porque en estos casos acabar con la naturaleza no significa eliminar los problemas ambientales, sino todo lo contrario.