Un hongo asesino pone al murciélago gris contra las cuerdas
Los murciélagos grises de Estados Unidos tienen un enemigo imbatible que está acabando con ellos a gran velocidad. Se le conoce como el síndrome de la nariz blanca, y después de haberse cargado a más de 6 millones de murciélagos de distintas especies, ahora empieza a atacar a esta variedad, una de las más vulnerables del país.

Lo hace con tal saña que provoca la muerte en masa, con una tasa que puede alcanzar fácilmente el ciento por ciento de las colonias que comparten cueva y, desgraciadamente, ahora también este raro virus letal. De este modo, la reducción de la población está siendo imparable.

A la fragilidad del murciélago gris como especie se le une su escaso número, es decir, estamos hablando de una especie en peligro de extinción, por lo que el ataque del virus puede suponer una erradicación de la misma en un muy breve espacio de tiempo. Según informó el Fish and Wildlife Service (FWS), día a día se confirman las peores sospechas de los científicos, y la mortandad está siendo casi total en las cuevas visitadas hasta ahora.

Cuando se adentran en las cuevas, los biólogos suelen encontrarse un panorama desalentador, pues los animales infectados presentan una pelus blanca en el hocico, las alas y la cola que evidencia que son víctimas de la enfermedad. “La difusión documentada de este virus en los murciélagos grises es una noticia devastadora”, dijo Paul McKenzie, del FWS.

La gran pena es que, hasta la llegada de la pandemia, esta especie estaba recuperándose y dejando atrás su posible desaparición. Ahora, con la confirmación de la enfermedad, todas las alarmas de han disparado. Actualmente, el virus ha invadido 19 estados estadounidenses y cuatro provincias canadienses. La primera vez que se tuvieron noticias de él fue en una cueva de Nueva York, en 2006. Entonces no se sabía cuál era la causa de aquello, pero finalmente se identificó el virus que tiznaba sus cuerpos de blanco y los fulminaba. Se llama Geomyces destructans, y proviene de Europa, por lo que se trata de una especie invasora. Esta es la razón de que en Europa no provoque los mismos estragos, pues los murciélagos aquí están inmunizados.

¿La solución? Por desgracia, ninguna. Los científicos se sienten impotentes, pues el virus se contagia de murciélago a murciélago con una facilidad pasmosa, y para más desgracia sus esporas pueden quedar adheridas en las ropas o zapatos de los excursionistas e ir expandiéndose por doquier. Un panorama desalentador que preocupa a los amantes de los animales y también a los ambientalistas, sabedores del papel fundamental que desempeñan estos animales en los ecosistemas.